Pedro Gamio (ADEX)

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NO PODEMOS DEJAR MORIR A LA INDUSTRIA DE LAS CONFECCIONES. 

Pedro Gamio, presidente del Comité de Confecciones de la Asociación de Exportadores (ADEX), asegura que el Perú lleva la fabricación textil en su ADN. Confía en la mano de obra nacional y espera se realicen ciertas reformas en el sector de las confecciones, que ha tenido un año difícil. Las telas están sobre la mesa, y para Gamio es el momento clave para ejecutar los cambios.

Hace 20 años, el sector confecciones exportaba 130 millones de dólares. En 2008, el rubro facturó casi 10 veces más (1000 millones de dólares). Son más de millón y medio de hogares los involucrados en el mundo de las confecciones textiles. Este crecimiento, sin embargo, puede tener un freno. Las exportaciones en confecciones peruanas se han contraído durante 5 meses consecutivos. Países centroamericanos están entrando con más fuerza al mercado textil americano, el más grande de la región. La industria de confecciones asiática aparece con más fuerza en esta parte del mundo. El 2014 viene siendo un año complicado para el sector, ¿qué hacer para enfocar el rubro de las confecciones hacia un norte seguro? Pedro Gamio ensaya algunas ideas; y también habla de las mayores dificultades por las que atraviesa el sector.

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La exportación de confecciones ha caído 5 meses seguidos y se prevé un escenario complicado hacia fin de año. ¿Cómo observa usted lo que queda del 2014 en el sector?

El movimiento del sector confecciones se explica por la exportación, nada más. Mayormente, las prendas de vestir son telas planas, y nosotros exportamos mayormente telas de punto. Las telas planas son los de los telares, que hay muy poco acá; y eso se usa para los pantalones, sacos, abrigos. Todo eso es básicamente importado, por eso el mercado interno consume esos productos de afuera. Entonces, las telas de punto es lo que mueve el sector en el Perú, las vendemos en el mercado interno peruano, mexicano, canadiense; y la confección también es peruana, ese es panorama.

¿Y dónde estaría la verdadera ganancia, entonces?

Nosotros no exportamos con marcas propias, exportamos las marcas internacionales. Vienen marcas de primer nivel y nos hacen encargos. “Yo quiero que me hagan esto”, y acá se hace todo, desde hilado hasta telas, el full pacadge; pero la marca es extranjera, y la gran ganancia son de los dueños. Ganamos también, porque nos permiten tener empresas grandes que dan trabajo, pero nosotros tenemos que buscar hacer marcas propias. Allí está la gran ganancia. Es cuestión de buscar las tendencias internacionales de la moda, diseñar, poner una marca y empezar a promocionarla. No es rápido ni fácil, pero se puede hacer. Argentina lo ha hecho. Ellos mandan a gente a estudiar las tendencias del mundo, Son gente joven, muy talentosa.

¿Y qué falta para hacer eso aquí?

El tema es que hemos crecido, pero bajo este sistemas de las marcas internacionales. Cambiar eso a marcas propias es complicado. ¿De dónde sacamos una marca que de un día para otro pida volúmenes grandes, con gran cantidad de trabajadores? Es muy difícil. Las marcas tienen que comenzar desde pequeñas empresas, empezar a crecer desde allí, es la única manera.

La situación internacional es complicada: Venezuela (el segundo destino de las confecciones peruanas) ha bajado la demanda en un 46%, además, varios países de la región optan por medidas proteccionistas en el rubro ¿Por qué cree se ha dado esta situación?

Venezuela es un mercado totalmente atípico, allí existe una parte irregular: exportan basura y dicen que son prendas, solamente para hacer un negocio oscuro. Lo que pasa es que 80 bolívares por dólar en el mercado negro y 7 en el oficial es una diferencia enorme. Entonces la demanda empezó a caer y lo que queda es muy poco. Y en textiles, los precios son enormes y no tienen una explicación lógica. Es un mercado que desfigura la verdadera performance exportadora. Uno no sabe cuánto es trampa.

¿Y el mercado americano?

Ese es el mercado más importante y estamos perdiendo lugar. Todo el mundo quiere estar en él. Podemos estar exportando en dólares un poco más, pero en producción hemos bajado. Varios países centroamericanos nos están arrimando.

¿Qué tanto influye la industria asiática en el problema?

Definitivamente, el Asia es un monstruo. El siglo XX fue americano, el siglo XXI es el siglo asiático. Es más, el nuevo centro del mundo es el BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), la producción de esos países sumada es la más grande del mundo. Los chinos siempre han sido muy inteligentes. Ahora trasladan sus fábricas textiles a Vietnam, Bangladesh y otros países asiáticos, donde el costo de producción es más barato. Incluso tienen fábricas en USA, porque la energía allí cuesta menos que en China.

¿Y qué hacemos nosotros con ellos?

China ha desplazado sus máquinas a otros países que también se encuentra en un crecimiento brutal, como Vietnam. Esto porque les pagan a sus trabajadores muy poco, en Bangladesh les pagan entre 36 a 60 dólares mensuales, ¿qué podemos hacer con esos precios?

Las reglas del juego

Se desea modificar el decreto Legislativo 22342, que regula el régimen laboral textil, ¿de qué manera este cambio influiría en el sector de la confección?

Es una estupidez, eso lo empuja un sector sindical muy anclado en los años setenta. Ellos no visualizan el interés del país sino que sus asociados aportan más dinero mensualmente. Han perdido ciertos cupos en construcción, entonces ven donde hay más mano de obra: los confeccionistas. No les importa que lo que planteen vaya en contra del mismo trabajador. Este decreto establece que la empresa puede contratar a plazo fijo, dependiendo del volumen de sus exportaciones. Si yo aporto X, contrato X, y así. El exportador no hace stock, trabaja a pedido. “Quiero 5000” y da 5000, y así contrata a los trabajadores. En 2009, cuando vino la crisis americana, las empresas pudieron sobrevivir porque se adecuaron al stock, sino hubieran desaparecido. Todos los países se adecuan al mercado. Hoy te compro menos, mañana te compro más.

Hay voces, como el de las marcas internacionales, que dicen que este régimen laboral especial atenta con el trabajador textil.

Claro, ¿sabes por qué? Ellos quieren tener la excusa para no comprarnos e irse a comprar a Bangladesh, donde encierran a los trabajadores. Ciertas marcas prefieren comprar barato, no les importa cómo tratan al trabajador.

¿Y con este decreto los trabajadores tienen todos los beneficios?

Tienen todos los beneficios laborales, seguro social, CTS. Los trabajadores peruanos tienen mucho más beneficios que el americano, por ejemplo. Incluso tiene 10% de participación en las utilidades, eso no lo tiene casi ningún país del mundo.

Ante este panorama y reglas del juego, ¿Qué es lo que debe hacer el estado para fomentar las exportaciones en el sector?

Creo que el estado debe trabajar en conjunto con los privados. Un mecanismo pueden ser las zonas francas. En Centroamérica estas zonas exportan cualquier cantidad, en la zona norte de Colombia, igual. La zona franca hace que se pague menos impuesto a la renta, que no se pague IGV, no hay sobrecostos. El trabajador de la zona franca puede ganar más que el que trabaja afuera. Todo esto permite competir con otros países.

¿Y en Perú cuántas zonas francas hay?

Solo hay en las fronteras, eso no funciona. Acá necesitamos una zona franca que sea en Ica, por ejemplo, donde hay agua, luz transporte, un puerto y está cerca. Ya hay una serie de empresas industriales que se están yendo a otros países porque producir acá implica muchos sobrecostos. Esto les impide competir, por eso se están mudando. Tenemos que ver a nuestra competencia. Es posible tener una zona franca bien perimetrada, cámaras conectadas a la Aduana, una sola entrada y salida; así se tiene todo bien controlado. Hay que actuar ya, no podemos dejar morir a la industria de las confecciones.

Existe una disminución en la producción y sembrío de algodón, sobre todo en el norte del país. ¿A qué se debe la reticencia del agricultor a sembrarlo?

Mire, el algodón peruano es más caro que el internacional. El tema es que en el norte prefieren sembrar arroz, lo cual es una barbaridad, porque es una planta de lluvias. Usar el agua para sembrar arroz es una locura, porque se utiliza un agua carísima y se malogra la tierra, se saliniza. No es tierra para sembrar eso, sí para el sembrío de algodón. Pero el algodón es menos rentable, entonces va a ir disminuyendo su producción cada año y será reemplazado por la quinua, uvas, etc. Esto no se puede evitar.

Usted también se ha referido que hay confecciones mucho mejor posicionadas que la peruana en el mercado internacional. ¿Por qué? ¿Esto no sería contradictorio con la buena percepción de la calidad de ciertas telas?

El tema es que debemos conservar ese nicho de las telas finas, como la alpaca o algodón pima, que es muy pequeño. Mi hijo acaba de estar en Nueva York y había buenos polos que eran hechos acá. El producto peruano no es solo las telas, es la mano. Este año, en el mercado americano, hemos crecido 5%, el tema es que deberíamos crecer 100%, para eso debemos tener un precio adecuado. Estamos perdiendo crecimiento por los precios, ¿Crees que en todas partes se compran ferraris y Lamborginis? ¡No pues! El gran mercado no es ese, son productos no tan finos y sofisticados. Algunos van por el ascensor, nosotros estamos yendo por las escaleras. Debemos ponernos las pilas, sino vamos a perder el avión.

Los retos

  1. Ante todo este vendaval de medidas y situaciones, ¿dónde cree se encuentra el futuro de las confecciones en el mercado internacional? ¿A qué hay que apuntar?

Nosotros hemos crecido 20% anual durante una década. De 100 a 2000 millones, lo que tenemos que hacer es mejorar la competitividad, así podremos crecer 1000%, no hay tope. El empresario peruano sabe trabajar, tenemos que profesionalizar más la mano de obra. Que se abran más Institutos superiores. En una fábrica donde yo estaba tuvimos que traer a un tintorero de Italia, por ejemplo. Se necesita que las universidades instalen una facultad de textiles y confecciones. Hay ciertas máquinas que son modernas, necesitamos capacitar a la gente y muchos cargos intermedios. Eso se hace en poco tiempo.

¿El estado cómo se integra a esto?

Apoyando en tecnología e innovación. Nosotros deberíamos producir microfibras de poliéster, tener una petroquímica que produzca elemento textiles para exportar productos mezclados. Telas que te calienten en invierno y refrescan en verano, eso requiere inversión en tecnología y desarrollo. Tenemos maquinaria instalada suficiente, el estado debe apostar por la industria textil, que ha demostrado ser potente.

De aquí al 2021, ¿Cómo ve usted el sector?

Si no se toman las medidas que he dicho u otras mejores, no vamos a llegar, las exportaciones se van a contraer.

 

Entrevista; Javier Wong / Mundo Textil