“Necesitamos una política de Estado que sea inflexible con la competencia desleal”

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Martín-Reaño-Vera

Escribe: Redacción Mundo Textil

El mercado textil peruano recibirá el nuevo año debilitado por las amenazas de competencia desleal propiciada por ciertos importadores y la ausencia de una mayor regulación estatal para hacerle frente. El gerente del Comité Textil y Confecciones de la Sociedad Nacional de Industrias (SNI), Martín Reaño Vera, hace una cruda radiografía de esta problemática y nos comenta las propuestas que tiene su institución para que el sector pueda repuntar este 2019. Reaño, que es magister en Administración de Negocios e Ingeniero Industrial especializado en Comercio Exterior en Japón, resalta la necesidad de que el Gobierno aplique un arancel mixto y ayude a transparentar el comercio textil para generar más formalidad y empleo.

Martín-Reaño-Vera

¿Cuál es el principal problema que la industria textil heredará para el próximo año?

La competencia desleal. Creemos que se necesita una política de Estado que sea totalmente inflexible con ella y eso significa que Aduanas obtenga más facultades para ser eficiente en la lucha contra la informalidad. La Ley de Aduanas solo permite inspeccionar el 15% de las declaraciones de importaciones; y cada uno de estos documentos puede referirse a 20 o 40 contenedores y ni siquiera llegan a cubrirse esa cantidad. Es humanamente imposible para Aduanas inspeccionar todo, por el volumen que demanda y por los propios alcances de la norma, por eso deben plantearse otras salidas.

¿Qué se podría estar escondiendo en estos contenedores?

Hay muchos importadores frecuentes a los que Aduanas ni siquiera mira; las mercancías llegan al puerto y bajan del barco o el avión y se van directo a sus lugares de destino. Nadie se entera si lo que lleva ahí dentro es efectivamente lo que dice su declaración aduanera. Entonces hablamos de un riesgo de que contenga prendas falsificadas o subvaluadas. No lo podemos saber. Y a ello se suma que Aduanas no es especialista en textiles.

¿Cómo se relaciona este débil control con la informalidad en el mercado final?

Definitivamente esto ha originado que exista la proliferación de la informalidad. Primero, los importadores tramposos ya son informales porque declaran una cantidad de prendas de vestir falsa, reducida, respecto a cada contenedor. Tenemos fundadas sospechas que ellos declaran 100 mil unidades cuando realmente ingresan 400 mil. Esas unidades adicionales, para que no dejen huella, se tienen que vender en el mercado informal. Por eso prolifera en el Perú una gran cantidad de mercadillos.

Esto se evidencia en el mismo emporio de Gamarra. Hasta hace cinco años, encontrábamos edificios con pequeños talleres instalados a partir del tercero o cuarto piso, donde veíamos de ocho a diez costureras o costureros produciendo diferentes tipos de prendas de vestir. Lo que encontramos ahora es que estos espacios se han convertido en pequeños almacenes de mercancía importada. Todo el empleo que generaba se ha reducido a solo dos personas que distribuyen ropa que entró de manera informal al Perú.

También existe la subvaluación de prendas importadas…

Ese es otro gran problema. Nosotros competimos en condiciones muy diferentes y permisivas respecto a la subvaluación. Solo por citar un ejemplo: el país que importa más confecciones en todo el mundo es Estados Unidos; anualmente ellos adquieren 70 mil millones de dólares en prendas de vestir extranjera. El Perú bordea los 800 o 900 millones de dólares en importaciones. Sin embargo, los precios que se declaran para ingresar a dicho país son, en promedio, el doble de lo que se registra en el nuestro. Incluso, hay productos a los que se les asigna un valor del 10% respecto a lo que se declara en el mercado norteamericano. Entonces, ¿cómo es que nosotros, que somos una pequeña unidad de compra, podemos tener un poder de negociación tan fuerte para lograr precios muchísimos más bajos que el mayor importador del mundo? No, no es que sea una reducción que favorezca al consumidor final, es subvaluación para sacarle la vuelta al país.

¿Cómo operan los subvaluadores textiles?

Muy simple. Puedes comprar en Iquique, China o Bangladesh, y a la hora de colocar el pedido cancelas entre el 40% y 50% en efectivo. Cuando te lo embarcan abonas, nuevamente en efectivo, otro 25% o 30% del valor comprometido. La diferencia final, que ya es ínfima, es la que te facturan de modo formal, pero ya pagaste una buena cantidad por fuera.

Por eso, cuando uno ve la declaración de Aduanas existen muchísimos pagos hechos por personas naturales a través de transferencias, pues esa es la forma que utilizan para subvaluar. A eso debemos añadir que muchos importadores son personas naturales o pequeñas empresas que en la práctica no pueden acreditar tener recursos para dichas transacciones financieras.

¿Esto es un problema normativo, de capacitación del personal o de corrupción?

La solución pasa por aplicar la legislación correctamente y aprobar complementos normativos. A partir del próximo año debe entrar en vigencia la certificación de Operador Económico Autorizado (OEA), que consignará a los importadores frecuentes, pero nosotros hemos pedido que se cree el Registro Nacional de Importadores (RNI) a fin de monitorear la responsabilidad de las empresas que ingresan mercadería textil al país.

Cuando lo planteamos en Aduanas nos dijeron que para eso estaba el Registro Único del Contribuyente (RUC), pero no es así. En otros países ya se aplica este RNI y ello no ha creado nuevas barreras burocráticas, pues es un procedimiento automático. Este registro le permitiría a la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) y a la Superintendencia Nacional de Administración Tributaria (Sunat) verificar la procedencia lícita de los recursos económicos y financieros que acredita el importador. Nosotros, como empresarios formales tenemos derecho a exigir que se garantice la transparencia del mercado. Y el Estado está en la obligación de hacerlo.

¿Pero cómo enfrentar el subregistro y la subvaluación de prendas?

Actualmente, en el Perú se paga el 11% del valor CIF. Es decir, si declaras la importación de una camisa por 1 dólar, el arancel que paga la empresa es el 1.11% del monto. El 18% del Impuesto General a las Ventas (IGV) y el Impuesto a la Renta se calculan sobre este último porcentaje, pero al tratarse de un monto ya subvaluado la recaudación final también se afecta.

Para eso tenemos una propuesta concreta: que se cambie la forma de cobro del arancel de importaciones por uno mixto, que no sea equivalente al monto en dólares, sino por kilogramo neto. Porque uno puede hacer trampa declarando mal el número de unidades importadas, pero no el peso. La empresa naviera o área no va a aceptar la subvaluación porque ellos cobran su flete en función al volumen y al peso; nunca podrían sacarle la vuelta al transportista

El arancel mixto ya se aplica en Colombia, México, Brasil, Estados Unidos, India y Suiza, que se cambie la forma de cobrar el arancel al equivalente a dólares por kilogramo neto.

¿Cómo funcionaría este arancel mixto?

Quiero ser claro y enfático, nosotros no pretendemos elevar el porcentaje de aranceles porque en igualdad de condiciones la industria nacional es competitiva. Podemos competir porque nos hemos hecho eficientes, pero nadie puede enfrentarse a tamaña subvaluación. Hay importadores que sí declaran el precio correcto y ellos no deben ser perjudicados. Nosotros también somos importadores y cuando salgamos a otros países no quisiéramos que nos pongan barreras burocráticas que nos impidan desarrollar nuestro comercio legal. Pero si ese porcentaje del arancel lo aplicas en forma mixta, podemos tener precios indicativos en función a los costos reales del mercado, y todo aquello que venga por debajo del precio indicativo pagaría el Ad valorem en función a dólares por kilogramo neto.

¿Cuál sería el precio indicativo?

Depende de las familias de productos, y eso es muy fácil de calcular. Todo aquello que venga por encima de esos precios indicativos se mantiene igual. Eso va a ayudar a competir en igualdad de condiciones a todos.

Ustedes hicieron un estudio para sustentar esta propuesta ¿verdad?

Hemos hecho un estudio de competitividad y otra de subvaluación. Lo hizo una consultora independiente, que es Apoyo Consultoría, la cual ganó una licitación que abrimos a postores nacionales e internacionales. En sus conclusiones, para mejorar la competitividad, ellos indican que se debe cambiar el sistema de cobro de aranceles e incluso fueron más duros, pues encontraron casos de subvaluación de cerca del 250% y sugirieron que el impuesto debería reflejar un incremento similar. Además, pusimos la propuesta a consulta con un estudio de abogados norteamericanos y sabemos que no colisiona con lo estipulado por la Organización Mundial del Comercio (OMC), por lo tanto, no existe objeción a nuestra propuesta.

Hace menos de un mes la OMC ratificó el sistema de cobro de aranceles que aplica Colombia, lo cual comprueba perfectamente que nuestra propuesta no colisiona con ninguno de los compromisos que hemos asumido.

¿Este informe ha llegado al Ejecutivo?

Sí, lo presentamos al Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur), al Ministerio de la Producción (Produce), al Ministerio de Agricultura y Riego (Minagri) y al Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), que hasta ahora no nos responde. Lo enviamos tres veces al MEF este año. El primero en la gestión de Claudia Cooper; y dos veces al actual ministro Carlos Oliva. Nosotros vamos a insistir en este camino porque creemos que nos asiste la razón y al menos quisiéramos que el MEF nos diga sus razones.

Y hasta que eso no ocurra ¿cómo están impactando estos problemas en el sector textil?

Hacer comercio en el Perú es muy fácil y está bien, no tendría por qué ser burocrático, pero ante la ausencia de una política de Estado que se enfrente a la competencia desleal, la situación se ha convertido en insostenible. Ya hay empresas textiles peruanas que migraron a Centroamérica. Sabemos que al menos cuatro compañías han constituido sus unidades productivas allá porque tienen facilidades para producir e importar, y se irán yendo más en la medida que esto no se solucione. Lo triste es que en el Perú lo único que genera empleo masivo en el sector manufactura es la industria textil – confección. Son al menos 460 mil puestos de trabajo los que dependen de esta.

¿Se sabe cuántas compañías han cerrado?

Industria Textil Piura, la fábrica de algodón Pima más importante del mundo, que tenía cerca de 130 mil unidades de producción de hilados, está al borde de la quiebra. Hace unos años ya cerró Compañía Industrial Atlantic, Western Cotton y Textiles del Sur, y otros se están convirtiendo en comercializadoras. Por cada empleo generado en el sector textil se crean 2.4 puestos de trabajo en la cadena productiva, por lo que un despido afecta a 3.4 empleos en la práctica.

¿Y cómo nos está yendo en exportaciones?

Las exportaciones también tienen problemas porque hasta noviembre del año 2012 el sector textil podía extender contratos temporales de trabajo a pequeñas y medianas empresas a fin de cubrir la demanda requerida y completar los pedidos de exportación, una labor que no es fija, pues varía en volumen y tiempo.

Sin embargo, el Ministerio de Trabajo realizó una interpretación antojadiza para impedir estos vínculos temporales y tiró abajo la generación de empleo formal que hacían estas empresas. Hoy en día, si estas grandes empresas tienen pedidos adicionales ya no las pueden cubrir; mientras que las fábricas más pequeñas no pueden ser subcontratadas pese a existir la demanda.

No podemos incrementar negocios ni contratar más gente porque el Ministerio de Trabajo o la Sunafil inspeccionan cada paso que damos, a diferencia del 73% de empleo informal que existe en el sector confecciones y que no controlan.

En este contexto ¿cómo se está impulsando el desarrollo de fibras de mayor calidad?

Estamos haciendo algunas cosas para mejorarlo. Por ejemplo, venimos apoyando un proyecto del Ministerio de Agricultura, que fue impulsado por el Gobierno de Brasil y la FAO para mejorar la productividad del algodón en el campo. Gracias a ello, si antes cada agricultor producía entre 45 y 50 quintales por hectárea de algodón rama, hoy la cifra es de 110 y 120 quintales. También queremos que se empiece a investigar el uso de mezclas especiales de fibra natural con sintética para obtener productos diferenciados.

¿Pero cómo pedirle al empresario que invierta en ello en un contexto de desigualdad comercial tan evidente?

De acuerdo, pero no podemos esperar a que se solucione el problema para recién hacer lo otro. Tenemos que avanzar en paralelo, y cuando las autoridades entiendan que deben decirle no a la competencia desleal, ya habremos avanzado para ser más competitivos y producir elementos diferenciados. Otra cosa importante es el desarrollo de marca, algo que hemos hecho de la mano con PromPerú al lanzar “Perú Textiles” al mercado de exportación, a fin de que conozcan nuestro algodón, nuestra creatividad y especialización.

¿Qué relación mantendrán con las universidades?

Estamos empezando a trabajar con la Universidad Lima, que tiene un laboratorio de confecciones bien montado, para hacer ensayos que las plantas tradicionales no pueden realizar. Además, estamos comprometidos en impulsar juntos una serie de Congresos y talleres de capacitación para que se desarrollen los nuevos profesionales del rubro. Hay un fuerte involucramiento con ellos.

¿Y con las micro y pequeñas empresas?

Ellos necesitan producir. Por eso estamos proponiendo al Ministerio de la Producción que relance el programa Compras a MYPErú, el cuál apoyamos mucho, pues permite que diferentes entidades del Ejecutivo, Fuerzas Armadas y Policiales, entre otros, puedan optar por la producción nacional de las pequeñas y micro empresas cuando requieran uniformes para su personal. Así, estos empresarios producirán la mayor parte del año, y no solo por campañas.

También hemos propuesto que se cree un proyecto similar al Buy American Act, que existe en Estados Unidos e implica que el Estado compra todos sus suministros a las industrias nacionales. Perú también debería tener algo similar para que las empresas puedan competir en igualdad de condiciones para aumentar el empleo y la formalidad.

¿Qué podrían esperar los asociados de la APTT y, en general, los empresarios del sector textil, para el próximo año?

Como Comité Textil y Confecciones esperamos que las autoridades hagan eco de nuestras propuestas. Estamos siendo propositivos, no quejones. Estamos poniendo en la mesa el problema y al costado su solución. Nosotros no estamos hablando sin sustento. Hemos perdido participación como cadena productiva, pues si antes la industria textil representaba el 13% o 14% del PBI manufacturero, ahora la cifra apenas supera el 10%. Nuestra meta para este 2019 es recuperar ese porcentaje y lograr que se garantice la trasparencia del comercio. Por nuestro lado, ofreceremos la paulatina y geométrica recuperación del empleo formal. Cuando el mercado sea leal y transparente habrá mayor incentivo para la formalización.