EL RETO DE REACTIVAR LA INDUSTRIA TEXTIL

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El sector textil y confecciones ha sido uno de los rubros económicos más golpeados en la crisis económica generada por el coronavirus. La pandemia obligó a muchas empresas a cerrar, pero otras redefinieron su estrategia y se reinventaron de la mano del comercio electrónico para mitigar las pérdidas. A la fecha, el 60% de las Mypes han reanudado sus actividades y se espera que para fin de año este porcentaje aumente con la temporada navideña.

La pandemia por el Covid-19 ha generado un fuerte impacto económico en todos los sectores productivos, y ha causado que unos 2,6 millones de peruanos perdieran su fuente de empleo entre abril y junio de este año, según cifras del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI).  La industria textil no escapó de esta crisis, por el contrario, fue una de las más afectadas debido al cierre de tiendas y fábricas, postergación de ferias internacionales, cancelación de pedidos de exportación y sobre stock de prendas de vestir.

Debido a la orden de confinamiento y el cierre de fronteras decretados para frenar el avance del coronavirus, 40 mil establecimientos del sector confecciones tuvieron que cerrar, dejando pérdidas estimadas en unos S/30 millones al día, es decir, unos US$ $8.900 millones, según la Coordinadora de Empresarios de Gamarra. Por su parte, el Gremio de Indumentaria de la Cámara de Comercio de Lima (CCL) ha reportado que se dejó entre US$ 100 millones y US$ 200 millones en productos textiles durante este periodo.

“Se trata de un descenso estrepitoso y muy difícil de recuperar. Los subsectores que se han visto más afectados son el de fibras, que hasta el momento ha bajado en 58,7%; hilados, con una caída del 49,1%; tejidos, que presenta una disminución del 37,3%; y la rama de prendas de vestir y otras confecciones que registraron una caída del 40,9%”, puntualiza Ysabel Segura, gerente de Manufacturas de la Asociación de Exportadores (Adex).

Reincorporación y mucha creatividad

Durante el Estado de Emergencia, el 2 de abril, el Ministerio de la Producción incluyó al sector textil y confecciones como actividades indispensables, pero solo en aquellas actividades comprendidas en la protección médica. Por ello, al inicio de la cuarentena, muchas empresas de confecciones comenzaron a producir mascarillas, mamelucos, batas, entre otros. En tanto, las compañías que trabajaban con máquinas impresoras 3D, produjeron equipos de protección personal y componentes para las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI).

Posteriormente, el Gobierno aprobó el Plan de Reactivación Económica que autorizó la reanudación de sectores productivo de manera gradual y en cuatro fases. “Con responsabilidad debemos empezar algunas actividades y buscar el equilibrio para generar puestos de trabajo. Este decreto parte como base de un estudio elaborado por el Ejecutivo que plantea reactivar la economía en cuatro fases, cada fase es de un mes, y se dará en mayo, junio, julio y agosto”, indicó el presidente Martín Vizcarra en conferencia de prensa.

Todas las empresas debían cumplir con los Protocolos Sanitarios de Operación. El sector textil y confecciones forma parte de la primera fase de este plan, y a la fecha el 60% de las Micro y Pequeñas Empresas (Mypes) han reanudado sus actividades y se espera que para fin de año este porcentaje aumente con la temporada navideña.

El reto más grande para los profesionales de este rubro es alcanzar la demanda necesaria, ya que la capacidad adquisitiva de los peruanos se ha reducido por la pérdida de empleos y falta de ingresos ¿Cómo lograr, entonces, atraer la atención del consumidor?  Para el ingeniero Martín Reaño, gerente del Comité Textil de la Sociedad Nacional de Industrias (SNI), la innovación va a ser decisiva como factor de compra.

“Las Micro y Pequeñas Empresas (Mypes) tienen que ser muy creativas, flexibles para trabajar, y se deben acoplar rápidamente a nuevos sistemas. Otra herramienta es reforzar la creación de diseños especiales, tratar de orientarse hacia mercados más exclusivos y generar nuevas demandas”, señala.

Por su parte, Ysabel Segura sostiene que los factores que se avizoran como estratégicas son la apuesta por la sostenibilidad, las innovaciones digitales para proveer muestras y showrooms digitales y saber transmitir nuestra cultura milenaria textil, contando las historias que están detrás de una prenda peruana. “Las compañías nacionales tienen como objetivo ser más productivas y eficientes, empleando la automatización, reduciendo mermas y mejorando el uso de tejidos. Y, claro, apostar por la innovación y la diversificación de mercados”, añade.

Adaptarse al mercado electrónico

En este contexto, el uso de canales digitales está sirviendo como elemento diferencial clave, ya que les ofrece a los usuarios la posibilidad de no exponer su salud y evitar aglomeraciones en locales, por lo que representa una de las maneras más cómodas para comprar textiles. La Cámara de Comercio de Lima (CCL) proyecta un crecimiento de hasta el 200% en las ventas online, y considera que este será el medio más importante para la reactivación de la economía en el país.

El empresario debe comprender que esta nueva forma de hacer negocio tiene sus retos. El comercio electrónico motiva al cliente a ser más curioso, pues al no poder tener una experiencia física, ellos revisarán toda la información de los materiales que se describan en las páginas web o canales de atención online, y pedirán, incluso, mejores fotografías y medidas. Las compañías deben tener una mirada integral para que todo el sistema brinde una buena experiencia de compra a los clientes finales.

Por ejemplo, el emporio comercial de Gamarra decidió ofrecer sus productos a través del portal gamarraperu.pe a fin de permitir el comercio electrónico de más de 30.000 empresas. En esta web, los compradores pueden visitar todas las tiendas y catálogos del conglomerado textil, con un amplio portafolio, desde insumos textiles hasta prendas terminadas.

Consuma peruano

En estos momentos, la mejor manera de apoyar al rubro textil es promover el consumo local y crear conciencia sobre su importancia. Además, es el contexto adecuado para generar redes de colaboración dentro de la industria, incluso entre organizaciones competidoras para compartir datos, estrategias y conocimientos. También es una oportunidad para la formalización de muchas empresas que comenzaron como emprendimientos personales o familiares y que, poco a poco, fueron creciendo hasta convertirse en negocios que se mantienen al margen de la legalidad.

Según un reciente estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), la importancia de apoyar a las micro, pequeñas y medianas empresas en la región responde al hecho que, de los 2,7 millones de negocios que quebrarían en 127 países por la pandemia, 2,65 millones serían precisamente este tipo de negocios.

En nuestro país, la empresa textil Nuevo Mundo ha creado la campaña ADN Perú para promocionar las compras nacionales y generar consciencia en el consumidor. Es así que, todas las marcas peruanas que tengan por lo menos un 80% de valor agregado nacional pueden sumar a sus logos el sello de ADN Perú.

Otra iniciativa importante es “Compra peruano, cómprale al Perú” campaña permanente de la SNI y el Ministerio de la Producción. En la página web compralealperu.com.pe los consumidores podrán encontrar los productos que forman parte de esta iniciativa, y las empresas que deseen sumarse al proyecto encontrarán información para hacerlo. “La única manera de reactivar la economía peruana es brindando empleo, y la herramienta que tenemos para hacerlo es que los peruanos con ocupación e ingresos consuman productos locales”, asegura el ingeniero Reaño.

La campaña pretende consolidarse como un medio de interacción con los consumidores peruanos, brindándoles información constante sobre los efectos directos que su compra tendrá en la sostenibilidad de familias, Mypes, Pymes y toda empresa que sigue invirtiendo en el país. En la misma línea, el gerente del Comité Textil de la SNI sostiene que, ahora más que nunca es importante que el Estado tome medidas para evitar que se importen al país productos subvaluados.

“Entre enero y agosto de este año ingresaron al Perú 208 millones de unidades de prendas de vestir. De ese número, alrededor de 150 millones eran de China, y entraron a un precio promedio menor a un dólar. Es urgente y necesario que el Estado imponga una política que garantice el comercio leal y transparente en el sector textil”, sostiene Reaño.

Ysabel Segura coincide con él y manifiesta que el sector requiere del esfuerzo de todos, y en especial de las autoridades para la mejora sustancial de la competitividad del país. Además, si bien el Gobierno dispuso la entrega de créditos para empresas, a través del Programa Reactiva y el Fondo de Apoyo Empresarial, la gerente de Manufactura de Adex subraya la necesidad de un mayor soporte financiero para que las empresas puedan recuperar pronto su capacidad generadora de empleo.

aTemporada navideña

Lamentablemente las Mypes y Pymes registraron pérdidas en la campaña de verano, porque no terminaron de vender toda su producción, y su actividad en la campaña de invierno fue escasa o limitada. Sin embargo, las ventas navideñas se configuran como una de las más esperadas y relevantes en el año. Aunque se espera que sea austera, los empresarios prevén que esta podría marcar el inicio a la recuperación económica de sus negocios.

Es importante recordar que en esta época se acentuaba el intercambio comercial con clientes minoristas de provincia, pero, si bien por la pandemia ellos se verán imposibilitados de trasladarse de manera habitual, las ventas por internet que están en marcha serán el canal para llegar a este sector de forma segura.

“El vestir es la segunda necesidad del ser humano después de la alimentación, por lo que es un sector que sí tiene demanda. Su reactivación contribuye a mover las cifras de exportación, por ejemplo, si comparamos los datos de la caída económica, en los meses de abril y mayo, podemos decir que las exportaciones presentan una mejoría. Esperamos llegar a diciembre con un valor de exportación de US$ 1.000 millones, es decir, una contracción del 26% respecto al 2019”, finaliza Ysabel Segura.