¿Por qué actuar frente al cambio climático?

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A la fecha se han realizado ya 27 COP con importantes esfuerzos y acuerdos.

Autor: Alfonso Córdova Rau,
Gerente de ventas y consultoría técnica
acordova@onepeterson.com

Hoy en día no es extraño ver o leer en las noticias y en las redes sociales sobre distintos eventos climáticos a nivel mundial. Con más frecuencia conocemos que se están generando incendios forestales, inundaciones, sequías, olas de calor, entre otros efectos que causan perjuicio para las sociedades, el ambiente y la economía (actividades agrícolas, pesca, transporte, turismo, etc.). Lo mencionado es generado por el hoy ya famoso y conocido problema denominado cambio climático.

A la fecha se han realizado ya 27 COP con importantes esfuerzos y acuerdos.

El cambio climático es, tal como su nombre lo indica, una modificación que está teniendo el clima alrededor del mundo pero que no es una variedad natural, sino que es un cambio atípico que se ocasiona por el desarrollo de actividades humanas. Este se origina por la alta y creciente concentración de gases conocidos como gases de efecto invernadero (GEI), los mismos que se generan por actividades como: 1) la quema de combustibles fósiles (cocinas, hornos, calderas, medios de transporte, etc.); 2) procesos industriales no energéticos derivados de procesos productivos (cemento, acero, vidrio, fertilizantes, etc.); 3) actividades agrícolas/ganaderas (manejo del ganado y su estiércol, uso de fertilizantes, etc.); 4) cambios en los usos de la tierra, que ocasionan deforestación y remoción del carbono orgánico; y 5) tratamientos de los desechos (residuos sólidos y efluentes domésticos e industriales).

El reconocimiento y entendimiento de este problema viene siendo muy estudiado desde hace ya varias décadas por científicos. El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) es el grupo de científicos creado en 1988 con el fin de realizar evaluaciones e investigaciones sobre el cambio climático, sus causas, posibles efectos y estrategias de cómo afrontarlo. Este grupo de expertos, que trabajan a modo voluntario, proporciona constantemente evaluaciones científicas a los gobiernos a todo nivel y facilita orientaciones para el desarrollo de políticas encaminadas a reducir (mitigación) o afrontar (adaptación) este problema.

En el año 1994 entró en vigor la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC), convención que agrupa 197 países del mundo y que reconoce que el cambio climático es un problema serio y que debe ser abordado. Esta tiene como objetivo Estabilizar las concentraciones de GEI «a un nivel que impida interferencias antropogénicas (inducidas por el hombre) peligrosas en el sistema climático». Mediante esta convención los países miembros (parte) se reúnen anualmente en un evento conocido como Conferencia de las Partes (COP), evento en el que los países buscan de forma conjunta adoptar decisiones para lograr el objetivo anteriormente señalado y encontrar e implementar estrategias o acciones para afrontar este problema.

A la fecha se han realizado ya 27 COP con importantes esfuerzos y acuerdos, y hay que resaltar la COP número 21 desarrollada en 2015 en la ciudad de París. En esta se adoptó el Acuerdo de París, que representa un tratado internacional jurídicamente vinculante y que se planteó como objetivo limitar el calentamiento mundial a muy por debajo de 2 oC—preferiblemente a 1,5—, en comparación con los niveles preindustriales.

Fuente: Sixto Reporte de Evaluación del IPCC. Grupo de Trabajo 1. 2021

Un reciente reporte del IPCC identificó cinco escenarios sobre la concentración de GEI en la atmósfera. Estos escenarios van desde el más optimista (SSP1-1.9) —en el que se evita superar la temperatura media de la atmósfera en 1.5 °C al año 2050— hasta un escenario adverso (SSP5-8.5) —en el que se consume excesivamente combustibles fósiles y donde se llegaría a un aumento de temperatura de 4.4 °C al 2100—. En ambos casos el aumento es respecto a los niveles preindustriales. Para lograr el escenario más optimista es necesario que las emisiones globales se reduzcan en un 50 % para el año 2030 y al 100 % en el año 2050.

En el año 2015 fueron adoptados, por las Naciones Unidas, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS); esto, como una invocación mundial para erradicar la pobreza y proteger el planeta con la finalidad de garantizar al 2030 que las sociedades disfruten de paz y prosperidad. Los ODS son 17 y existe uno dedicado específicamente al cambio climático, el ODS 13 llamado “Acción por el clima”, que posee metas orientadas al fortalecimiento en las capacidades de adaptación y resiliencia ante los efectos del clima, la incorporación de medidas conducentes a la reducción de las emisiones de GEI y adaptación en las políticas, estrategias y planes nacionales, así como mejorar la educación, sensibilización y capacidad humana respecto a la adaptación y mitigación del cambio climático.

Por esto, si queremos actuar para contribuir en solucionar o al menos reducir este problema (lo cual sería un deber), es muy importante conocer cómo estamos impactando en el clima. Para conocer ello es necesario saber el concepto de huella de carbono, lo cual no es otra cosa que un inventario de todos los GEI que se generan e incluso capturan debido a todas las actividades que se realizan en un determinado marco. Existen distintos tipos de huellas de carbono: las que representan las emisiones de toda una organización; las de un producto basado en su análisis de ciclo de vida, una ciudad, un país, un evento; y la huella que tenemos como personas. Para su desarrollo existen distintos estándares reconocidos tales como el GHG Protocol o la familia de las ISO 14064-1, 14064-2 y 14067, entre otros.

Aquí explicaremos específicamente sobre la importancia y beneficios de tomar acción y realizar gestión climática por una organización específicamente en la reducción de emisiones. Para ello y en alusión a la frase “No se puede gestionar lo que no se mide” es que se hace necesario, como primer paso, tomar conocimiento de cómo se impacta en el clima, es decir, medir la huella de carbono. De esta manera, la organización puede identificar cuáles son sus actividades que están generando mayor impacto y luego evaluar e implementar acciones para reducirlas y hasta eliminarlas.

Es necesario estar conscientes de que las emisiones de GEI que deben contabilizar las organizaciones incluyen a las emisiones que 1) se generan directamente —esto quiere decir que ocurre en fuentes que son propiedad o están controladas por la organización (por ejemplo: vehículos propios, maquinaria propia, etc.)— y 2) se generan indirectamente —que ocurre en fuentes que no son de propiedad ni son controladas por la organización (por ejemplo la producción de insumos utilizados, distribución del producto por un tercero, etc.)—. Muchas veces se puede pensar que el impacto es reducido si solo consideramos lo que sucede en una planta de producción, sin embargo existen muchas emisiones más que están asociadas con las actividades que realiza una organización. Hace muy poco un reporte sobre huella de carbono señaló que una empresa generaba el 97 % de sus emisiones de GEI justamente por estas fuentes indirectas.

El sector textil es un gran protagonista con lo que sucede en el clima. Según estudios científicos y reportes analíticos de Naciones Unidas, se estima que la industria de la moda contribuye entre el 5 y el 10 % de las emisiones mundiales de GEI y por tanto debe ser uno de los sectores que más acción debe tomar. En este sector, por ejemplo, se generan emisiones desde que inicia todo el proceso productivo de cultivos (producción y uso de fertilizantes y uso de energías) hasta la disposición final de sus productos. En ese proceso se generan emisiones por la fabricación de insumos y su transporte, la producción de prendas en sí, las actividades del personal como son su transporte al centro de labores o viajes de trabajo y las emisiones posteriores a la producción (que tienen que ver con el empaquetado, la distribución del producto hasta su uso, disposición final, entre otros). En cada etapa se generan emisiones de GEI y todas estas deben ser debidamente contabilizadas.

Queda claro entonces que la acción climática es sumamente necesaria y a todo nivel. Los gobiernos, las personas y el sector privado tienen ese deber común, pensando en lo señalado anteriormente (finalidad de los ODS).

Los gobiernos (nacional, regional y local) vienen tomando acción en ello. Existen ya distintas normas (leyes, ordenanzas, decretos supremos), políticas, planes e iniciativas que conllevan a la toma de acción en el cambio climático, siendo una de las más reconocidas el programa Huella de Carbono de Perú, del Ministerio del Ambiente (MINAM). Este programa invita a las organizaciones (públicas, privadas y sociedad civil) a tomar acción climática, generando reconocimientos según los esfuerzos realizados.

Dos temas a considerar muy importantes de abordar por los gobiernos, y que aún faltaría más empuje, son 1) mayor impulso, promoción e incentivos para el desarrollo e implementación de tecnologías limpias —muchas de estas ya están desarrolladas y usadas globalmente, sin embargo en el país existen aún barreras para su uso a gran escala; por ejemplo, electromovilidad, generación distribuida, entre otros— y 2) educación y sensibilización. Somos finalmente las personas quienes podemos actuar responsablemente y con ello exigir a los distintos actores mayor acción y esfuerzos para así reducir este y otros tipos de impactos.

A nivel de personas tenemos la obligación de realizar nuestras actividades con el menor impacto posible. Para ello debemos reconocer cuál es el impacto de las actividades que realizamos cotidianamente y el que se genera por todo lo que consumimos. Por ejemplo, al comprar un polo, el impacto puede ser menor si es que este es producido con algodón orgánico y si en su planta de producción se consume electricidad que es generada con sistemas fotovoltaicos. Ante ello necesitamos que los productores hagan transparente y de conocimiento esto para que así elijamos, de ser factible, esta opción. También es recomendable consumir de empresas que están actuando responsablemente y realizando esfuerzos continuamente. A estas se les puede ubicar, por ejemplo, en el citado programa del MINAM.

Finalmente, como empresas, la acción climática es sumamente importante por lo explicado e incluso muy beneficioso porque al actuar en ello se logra 1) ahorros económicos debido al manejo eficiente de los recursos, 2) mejora la imagen institucional al demostrar responsabilidad frente a este problema —lo que consecuentemente atrae clientes y consumidores—, 3) cumplir con las exigencias existentes en el mercado, 4) evita ser afectado ante posibles regulaciones que sancionen por impactos en el clima, 5) permite el acceso a distintos reconocimientos, 6) fácil acceso a financiamiento climático o bonos verdes y 6) ser un negocio muy competitivo.

Las empresas deben estar muy conscientes de que es cada vez de mayor interés para la ciudadanía conocer el impacto de todo aquello que consume. Existe una ciudadanía responsable y consciente que demanda esta información para la toma de su decisión. En muchas partes del mundo existen movimientos de protesta que piden la acción inmediata de los gobiernos y el sector privado ante este problema.

Fuente: Sixto Reporte de Evaluación del IPCC. Grupo de Trabajo 1. 2021

Además, las empresas deben saber que en la medición del impacto se evalúa toda la cadena de suministro (emisiones indirectas) y como consecuencia existen grandes empresas que exigen este compromiso o accionar de parte de sus proveedores de insumos o servicios. En ese sentido, no efectuar una acción climática representa un gran riesgo si no se hace nada.

Las empresas deben apostar por ser líderes climáticos. Esto quiere decir incorporar la acción climática como algo de real interés, con un buen entendimiento de lo crítico que es este problema y por lo tanto que hay esfuerzo y trazo de un camino para producir un producto o servicio de bajo o nulo impacto. Para ello debe 1) existir una sensibilización desde el más alto cargo y ser transmitido a todo nivel, 2) trabajar como un aliado del gobierno en acción climática, 3) crear metas o compromisos de reducción de emisiones de GEI, 4) monitorear periódicamente sus avances y esfuerzos con la finalidad de conocer que se cumplen los objetivos y 5) transparentar mediante reportes u otros su accionar, demostrar que viene reduciendo efectivamente el problema y vendiendo algo que ayuda en su reducción y no aumenta el problema.

Para concluir, es necesario reiterar que la ciencia ha sido clara indicando que se necesita una acción inmediata, de esfuerzos grandes y rápidos; de lo contrario se padecerán graves consecuencias, peor que las que se evidencian hoy en día.  Se suelen usar términos como crisis climática u otros que parecen fatalistas, pero esto lamentablemente es así. No debemos esperar hasta llegar a situaciones peores: ¡debemos actuar!